¿Y ahora qué?
Hoy es cinco de Julio, sigo igual, acabo de cumplir 41 hace
una semana, y peso lo mismo de siempre, 167 libras. En un cuerpo de 5 pies con
1 pulgada, eso es “mujer de mediana edad con sobrepeso y propensa a
enfermedades como la diabetes, alta presión, venas varicosas y problemas
cardíacos”. Lo que es raro, porque me
hice los laboratorios que me ordenó mi doctora, y todo salió bien… ¿y ahora
qué?
Tuve que hacer un alto.
Hace tres semanas atrás terminé mi tesis, en compañía de mis dos gatos. Lo único que se me
ocurrió fue echarme a llorar como una buena idiota. Acababa de hacer algo sumamente monumental,
solo para celebrarlo completamente sola, mientras Ari e Icaro me miraban raro porque aun no les daba de
comer. Me vi al espejo, me felicité, y un
nuevo torrente de lágrimas hizo su agosto en mi cara. Una semana después del lágrima fest que
arruinó el tratamiento nocturno de Oil of Olay, celebré mi cumple #41 en compañía de mis
dos gatos, con un plato de sopa de pollo y un vaso de agua. Esta vez estaba preparada y el moco fest no
fue tan bárbaro como la semana anterior (Dios bendiga al creador de los pañuelitos
desechables marca Kleenex). El piece de resistance vino el 3 de Julio, cuando
tuve mi segunda cita con ronda de
acupuntura con mi doctora. Esto fue más o menos como pasó:
Dra. Pérez-Curry: Noramid,
veamos. Tus laboratorios indican que tu
cuerpo está bien. Tus niveles de azúcar en la sangre están bien (Y yo por
dentro: “whoohooo!!! No soy diabética!”). No tienes problemas con la tiroides, tu presión arterial es buenísima…
pero sigues en el mismo peso. ¿Qué está
pasando?”
Noramid:
Y bueno… este… err… lo admito, no estoy desayunando y algunas meriendas las
estoy saltando, Doctora.
Dra.
Pérez-Curry: Noramid, he ahí el problema.
¿Y
ahora qué?
Regresé
a casa totalmente frustrada y enojada conmigo misma. La sesión de acupuntura fue molestosa y dolorosa. No quería hablar con nadie y aborrecí la
compañía de otros seres humanos. Ni yo
misma me soportaba… y si yo no podia soportarme, mucho menos lo haría otra persona que
estuviera en su sano juicio. Tuve que
verme al espejo nuevamente y darme un pep talk estilo Madea Simmons, sin la
copa de Hennessy, por supuesto. Lo que vi en el reflejo no me gustó. Ví a una
mujer que no se amaba, que no se valoraba ni se respetaba a ella misma. Vi los
sueños escondidos debajo de la alfombra para acomodar la rutina de la vida. Vi a una guerrera con la armadura hecha
pedazos. Ví la oscuridad de la luna en
sus ojos. Vi la piedra en la tumba y no
quería abrirla porque lo que había dentro apestaba peor que un muerto de cuatro
días. Un nuevo mar de lágrimas resurgió
de lo profundo, pero me las tragué, porque ya estaba harta de seguir moqueando
y no ver resultados. Esa noche tuve que
llegar a términos con Dios, conmigo, con los míos y con mis gatos. Después de cuatro horas en ese ejercicio,
prendí mi computadora e hice lo que jamás pensé: me inscribí en una carrera de
obstáculos militares de 8 kilómetros.
Solo tengo un mes y medio para entrenar y lograr terminar los tramos sin
dejar mi pellejo en el lodo.
¿Y
ahora qué? No lo sé. Solo el viaje está
escrito, no el destino donde llegaré.
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